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Resulta difícil condensar en pocas líneas todas las vicisitudes por las que las distintas edificaciones del actual Santuario de Santa Casilda han tenido que pasar. En las siguientes líneas intentaremos exponer los aspectos más llamativos del proceso de formación y construcción de este recinto sacro de gran singularidad de la comarca de la Bureba.

El origen hay que buscarlo en la mentalidad medieval, donde el culto a las reliquias de santos y mártires constituía un hito fundamental en la religiosidad del momento. De esta forma, durante los siglos IX y X, en este entorno, unos anacoretas comenzaron a dar culto a las reliquias de San Vicente, el santo mártir de origen valenciano, sin que sea posible a fecha de hoy comprobar cómo llegaron dichas reliquias a estos parajes. La llegada de la virgen Casilda a los pozos de aguas marca un nuevo comienzo ya que, junto al Abad Domingo, refuerza la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Vicente y en ella y en las grutas que se hallan debajo hacen vida en comunidad, continuando como centro devocional aún después de morir Casilda, cuando el Cabildo de la Catedral de Burgos recibe el espacio sacro en donación y deciden potenciar el culto en el mismo con la edificación de un sepulcro de trazas góticas donde se conservan los restos mortales de la Santa para su veneración en la gruta.

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Tiempo después el Cabildo decide acometer la edificación de una nueva iglesia, debido a la creciente devoción hacia la Santa, y encarga el proyecto y ejecución a los hermanos Colonia, artistas que a la sazón trabajan en la catedral burgalesa. El templo, de reducidas dimensiones y de estilo gótico florido (predominante en el momento) es concluido en 1529, depositando las reliquias de la Santa en un nuevo sepulcro presidido por la escultura yacente de la virgen Casilda realizado por Diego de Siloé. De esta época es la portada, de un renacimiento temprano, obra del maestro Nicolás de Vergara.

En 1703 un vendaval arrasó la iglesia provocando grandes desperfectos, hasta el punto que fue necesario una remodelación a fondo del pequeño templo, y de ahí su actual aspecto barroco que desplaza al primitivo estilo constructivo gótico a pesar de conservar determinados elementos, como los arcos formeros. La portada se enriquece y se levanta la espadaña actual de dos cuerpos.

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